martes, 29 de enero de 2013

Pedro a las puertas del cielo


Pedro había sido un laborioso obrero en vida. Constante y sacrificado, nunca dejó de pagar ninguna de sus facturas.

Al llegar al cielo, se encontró ante sí una puerta. Que ironía, pensó, ¿será la conocida puerta de mi tocayo?

Tocó con calma y la conciencia limpia. Fiel a su terrenal existencia. Y al abrirse la puerta, asomó un tipo bajo, con una reluciente calva en el centro de la cabeza, gafas redondas y camisa de franela a cuadros.

-    Celestiales saludos y bienvenido al reino de los cielos.
-    ¿Es usted el conocido San Pedro?
-    Correcto, y… usted es…
-    Yo soy Pedro. Pedro Curbelo.
-    Ah sí, adelante. Espero que haya tenido una buena defunción.
-    Bueno, dentro de lo que cabe, no me puedo quejar. He muerto en mi cama, durmiendo y con una espléndida familia que me quiere.
-    Además, hizo usted el amor en su última noche.
-   Eso es cierto. Tiene razón. Esto superó mis expectativas con respecto a abandonar este mundo. Y ahora que estamos en confianza, ¿cree usted que he tenido una vida plena?
-  Es difícil baremar vidas desde aquí arriba. Además, hace tanto que yo la viví. Y fue tan efímera y entregada a la devoción que uno acaba por querer lo que no vivió. Que es mucho, y ahora, desde la distancia, lo sé. ¿De usted sabe lo que añoro Pedro?
-  Dígame, por favor, San Pedro.
-  Añoro su honestidad y el amor protector que ofrecía a los que le rodeaban. Tan simple.
-  ¿Ah sí?, pues no sabía que era así.
-  Es más, deje que le diga Pedro. En usted he visto esa humanidad sin esfuerzos que en ocasiones echo en falta en mi trabajo de “portero”. Me hubiera gustado imitarle en las ocasiones en las que solía ir a pescar con sus hijos. En una mueca cómplice con ellos guardaba el secreto de la felicidad que muchos no encuentran ni en cien vidas. Además, nunca tuvimos que enviarle tragedias o enfermedades para que valorara lo que tenía.
-  No sé. Nunca pensé que la felicidad fuera tan sencilla de encontrar.

Se hizo el silencio durante algunos minutos. En el cielo el tiempo pasa muy despacio. Hasta que Pedro, dirigiéndose a San Pedro le dice:
-  Y entonces… paso, o no soy apto para su "local".
-  Me parece que no me has entendido. Después de tantos años de fiel trabajo, del que por supuesto he disfrutado, has venido aquí para sustituirme. Eres la persona ideal. Y no te preocupes por nada, sabrás lo que tienes que hacer cuando llegue el momento, no puede haber un cargo más satisfactorio. Además, como suele decirse, no hay nada mejor que estar siempre con la cabeza en las nubes



Lo mejor de viajar en Ryanair, es lo que hay afuera...
Abril del 2012. La isla sin Camarón.

6 comentarios:

  1. Vaya, ni en el cielo hay contratos indefinidos, que en cuanto llega alguien más joven....(bueno en este caso es una sustitución por jubilación que ya tiene 2.000 años cotizados).

    Bueno, más en serio, bonito relato, Quique.

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    1. Buenas caballero; por lo que se ve, ahí tampoco son indefinidos los contratos, a menos que como bien dices se trate de una jubilación en toda regla. Me gustaría pensar que podrían haber compartido labor a media jornada. En fín, supongo que hasta en el cielo hay mano de obra de sobra.

      Me alegro que te guste Adolfo. Un abrazo y espero que estés bien.

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  2. Me ha encantado Quique, gracias por compartir este relato ;)

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  3. Que lindo...Así sí da gusto irse, encontrando a la persona que sabes que te puede sustituir sin que parezca que te has ido.

    Me gusta mucho como escribes!!

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    1. Si, el clásico caso del reemplazo por antigüedad. Hoy se llamaría el San Pedro 2.0, jeje.

      Me alegro que te guste.

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